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jueves, 1 de noviembre de 2018

Situación Actual de Proyectos de Centros de Cultivos Acuícolas en Costa de Ñuble

#resumen #SEIA @vigilantecosta #editado
"El 31 de Octubre de 2018 se cumplió el segundo plazo otorgado por el Servicio Evaluador de Ñuble (SEIA; antes Biobío) al Titular Inversiones Pelicano en relación a proyectos acuícolas en costa de Ñuble. A continuación un detalles y acceso a Fichas de los proyectos y sus respectiva situación actual. Cabe mencionar que existen 3 centros desistidos por el titular, más uno que ya fue rechazado con anterioridad por el ente evaluador de forma unánime (Rinconada Pullay, 9 de octubre. 11 -0 votos) de Ñuble. 6 Adendas fueron ingresadas por el Titular con fecha 31 de octubre de 2018".
Al día de hoy (10 de noviembre) se informa que seis proyectos de centros de cultivo se mantienen en trámite, vigentes y en evaluación (Punta Purema, Santa Rita 1, Monte Zorro, Santa Rita 2, Colmuyao y Mela). Centro proyectado "Perales" no se ingresó adenda al 31 octubre de este año (se da por desistido). También ocurre situación similar al no ingresar adenda (al 31 de nov.) por parte de proyecto ubicado en comuna de Coelemu por el mismo Titular.
  1. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Suroeste de Punta Purema. Pert 211 081 061"
  2. Ficha del Proyecto: Centro de Cultivo. Oeste de Estero Perales. Pert 211 081 058 (No hay Adenda ingresada con fecha hoy 1 de noviembre de 2018)
  3. Ficha del Proyecto: Centro de Cultivo. Oeste de Mela. Pert 211 081 059 (DESISTIDO) 
  4. Ficha del Proyecto: Centro de Cultivo. Noroeste de Cobquecura. Pert 211 081 064 (DESISTIDO)
  5. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Suroeste de Punta Santa Rita, Sector 1. Pert 211 081 063." Solicitud de Evaluación de Adenda
  6. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Oeste de Punta Monte del Zorro. Pert 211 081 068" Solicitud de Evaluación de Adenda
  7. Ficha del Proyecto: Centro de Cultivo. Oeste de Punta Achira. Pert 211 081 056 (DESISTIDO) 
  8. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Suroeste de Punta Santa Rita, Sector 2. Pert 211 081 067"
  9. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Noroeste de Río Colmuyao. Pert 211 081 055"
  10. Adenda en respuesta a la Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones o Ampliaciones a la Declaración de Impacto Ambiental del Proyecto "Centro de Cultivo. Oeste de Punta Mela. Pert 211 081 065"

miércoles, 31 de octubre de 2018

Ricardo Lagos y Michelle Bachelet han sido los verdaderos padres benefactores de la industria salmonera

En esta segunda parte, Juan Carlos Cárdenas, director del centro Ecocéanos, aborda la afabilidad de la institucionalidad ambiental con la industria salmonera y la colonización de este mercado sobre un sistema político corrupto que opera cómplice y silente ante los desastres ecológicos derivados de la industria. 

"La industria del salmón tiene relación con la ultraderecha. Gran parte de los directorios de empresas pesqueras de harina de pescado son ex miembros de Patria y Libertad".

Por Juan Carlos Cardenas
"La industria del salmón en Chile sostiene gran parte de su negocio sobre la figura de las “concesiones acuícolas”, que sella vínculos de propiedad y uso del borde costero. La industria monopoliza gran parte del borde costero del Archipiélago de Chiloé, en su vertiente oriental, lo que genera conflictos con pescadores artesanales, comunidades indígenas y operadores turísticos".
  • Así es. La industria genera una situación de desposesión a otros usuarios del borde costero mediante las concesiones acuícolas. En Chile, 6 compañías controlan más del 50% de las concesiones salmoneras en Chile. Y del total de las concesiones otorgadas, sólo están utilizando el 30%¿Qué pasa con el otro 70%? Están guardadas para especular. Cuando haya más demandas de otros actores, ellos especularán con estos recursos. La presidenta Bachelet, en el primer gobierno, semanas antes de irse, firmó un decreto que le entrega, en propiedad, las concesiones costeras a las empresas salmoneras. Ya son parte de su patrimonio ahora. Conforme a eso, las dueñas de concesiones pueden transarlas, venderlas, arrendarlas, heredarlas. Pueden hacer todo lo que se puede hacer con un bien privado. Ha habido un proceso de expropiación silenciosa de bienes nacionales de uso público, y en este caso, todo lo que es borde costero. Entonces, hay una alta concentración de la propiedad en las concesiones acuícolas, y las que no se utilizan, son para dos cosas: una para la especulación; y la otra función es que están entregadas como concesión por créditos que se han solicitado al sistema financiero, nacional e internacional. Ha habido concesiones que no se han utilizado más de 5 o 6 años. La ley dice que, si una concesión no se utiliza durante una temporada, se señala eso y luego pasa a ser parte del Estado, para que este pueda ofertar la concesión disponible a nuevos capitales. Hay concesiones que llevan 6 años y nunca se le ha aplicado a ley, pues esas concesiones están prendadas con bancos, y ahí aparecen todos los funcionarios de SUBPESCA y del Servicio Nacional de Pesca para mover sus engranajes para violar la ley. El anterior director de SERNAPESCA inventó un concepto: “No es que las concesiones no estén siendo utilizadas, sino que están en reposo productivo”. O sea, él dice que están produciendo, pero en descanso, por lo que no se les aplica la ley. ¿Entiendes como estos tipos interpretan la ley a su favor?
Podría hacer referencia al pago de patentes salmoneras, que, por una parte, deberían pagarse en los territorios donde la industria se emplaza. Por otra parte, entiendo que las patentes las pagan por centímetros cuadrados, o por hectárea marina, y no en centímetros cúbicos, como debería ser, dado que se utiliza toda la “columna de agua” y el fondo marino en el proceso de cultivo del salmón.
  • Un ciudadano común y corriente, como tú y como yo, pagamos por metro cúbico de agua, los que se ve reflejado en la cuenta a final de mes. Mientras tanto, la industria salmonera paga por hectárea, que es una unidad de superficie marina. Y todo lo que está abajo, en la columna de agua, es gratis para las salmoneras. Hace poco, aumentaron el pago de las patentes por hectárea de agua, que son 70 dólares la hectárea, que es una cifra irrisoria para todas las utilidades que percibe la industria. La ocupación del maritorio es casi gratis para las grandes compañías salmoneras. Hay compañías como Marine Harvest, que tiene centros de cultivo en Estados Unidos, en Canadá, en Escocia, en Islas Feroe, pero el 26% de las ganancias netas las obtienen de Chile. Chile es como la gran vaca lechera para este empresariado.
Otro tema es que gran parte de las patentes ni siquiera se pagan en las comunas con producción salmonera, sino que en las casas matrices que están en Santiago. Y por ello, los municipios tienen una escasa capacidad de absorber los beneficios de que en su comuna se instalen centros de cultivo y plantas de procesamientos de salmones.
  • Efectivamente. Se ha peleado para que las patentes se paguen en las municipalidades, pero eso va asociado a un elemento nuevo, que es la corrupción: la industria del salmón tiene una alta capacidad de influencia en los gobiernos locales: alcaldes, intendentes, diputados y senadores. Eso es vox populi. En el último tiempo, los empresarios salmoneros se han dado cuenta de la mala relación que tienen con las comunidades locales. Ante esto, y con la nueva presidencia de SalmónChile, es la organización gremial de la industria salmonera, se está colocando dinero, pero no mucho, en las comunidades locales: campesinos, indígenas, juntas de vecinos, centros de madres, clubes deportivos.
Para poder legitimarse socialmente, sobre todo pensando en que el vínculo entre las empresas con las comunidades ha estado bien descompuesto por las crisis económicas de la industria y las crisis ambientales que ha generado, como el vertimiento de salmones podridos en las costas de Chiloé el 2016.
  • Así es. Esa legitimación social la realizan mediante donaciones de dinero. En Magallanes, por ejemplo, algunas empresas dan becas a estudiantes en las comunidades donde ellos están operando.
Lo que, además, funciona como un mecanismo de contención de posibles movilizaciones sociales
  • Totalmente. Entonces, corrupción política y vínculo asistencialista con las comunidades son modus operandi habituales en la industria salmonera. La industria salmonera opera como un ejército de ocupación, con la complicidad de las autoridades locales y nacionales. Así funciona todo ejército de ocupación: territorio, control, presión, disciplinamiento social.

Redes de poder y tráficos de influencia dentro de la industria del salmón


Hablemos de las redes de poder y los tráficos de influencia dentro de la industria.  Qué actores han sido esenciales en su promoción, quiénes se benefician de este negociado, etc.
  • Como mencioné anteriormente (ver Parte 1), la salmonicultura en Chile se instaló en dictadura, donde se le proporcionó todo lo que necesitó para su crecimiento y expansión. Luego vienen los gobiernos de la Concertación, en los cuales se establece un fuerte vínculo con la industria. Ricardo Lagos y Michelle Bachelet han sido los verdaderos padres benefactores de la industria salmonera. Durante sus gobiernos, se modificaron todos los reglamentos y las regulaciones ambientales, con miras a garantizar su expansión libre. El presidente Ricardo Lagos señaló en una ocasión, que se retiraba orgulloso de su gobierno, pues 1 de cada 3 salmones que se comía en el mundo provenía de Chile. Su gobierno se jactaba de que pudo coordinar al capital internacional, la tecnología y trabajo nacional.
  • Resultado de todo esto: la industria salmonera es esencial en el ordenamiento de los territorios como Chiloé, y ahora Aysén y Magallanes. La industria define cómo utilizar el agua dulce, cómo utilizar los recursos pesqueros para alimentar salmones, qué mano de obra local requerirá, qué vocación tendrá el territorio, sin soberanía de las comunidades mismas. La salmonicultura es una industria poderosísima, junto con la industria minera y forestal, por las relaciones de poder que posee. Los vínculos son variados.
  • En primer lugar, en el Senado y Cámara de Diputados, existe una suerte de “bancada salmonera”. Si tú me preguntas, ¿Quiénes son? Tienes que ver qué tipos están acusados de corrupción por la Ley de Pesca. Todos los diputados y senadores de las regiones salmoneras son ultra funcionales a las demandas gremiales de la industria. Otra área de tráfico de influencias de la industria del salmón es la Marina de Chile. La Marina controla el territorio marino, y por ello, la industria del salmón, en sus centros de cultivos y transporte de salmón, está sujeta a ella. Gran parte de los altos funcionarios de la Marina, luego son parte de los directorios de las empresas salmoneras y pesqueras, por lo que ahí se da toda una relación de administración y control costero. De todos los accidentes que les han ocurrido a los buzos y de todos los hundimientos de wellboats, hay cero investigaciones. El Seikongen es un ejemplo. La Marina lo que ha hecho es evitar que ocurran investigaciones y dilucidar responsabilidades. En tercer lugarla industria tiene relación con la ultraderecha. Gran parte de los directorios de empresas pesqueras de harina de pescado, que luego se han transformado en empresas salmoneras, son ex miembros de Patria y Libertad. Destaca ahí Roberto Izquierdo Menéndez. Es un tipo muy activo que está involucrado en Salmón Chile, en la Sociedad Nacional de Pesca, y también se involucra con grupos ultraconservadores en la región sur-austral.
  • Yo considero que, en esta red política, hay que meter también a las universidades. Las empresas salmoneras se han encargado de financiar a las universidades regionales, y también a la Universidad Católica y la Universidad de Chile, para estudiar áreas del conocimiento afines a sus intereses de productividad. Han financiado programas, capacitaciones, etc. También financian a muchos grupos de investigadores.
Esto se hizo patente durante la crisis socioambiental de Chiloé en el año 2016, donde el establishment científico fue bastante deslegitimado por exculpar de responsabilidad a la industria del salmón y el vertimiento de salmones podridos que esta realizó con SERNAPESCA en los mares de Ancud.
  • De todas maneras. Cuando ocurre el tema del florecimiento algar en Chiloé en el año 2016, la primera declaración fue la del Colegio de Biólogos de Chile, que inmediatamente cerró filas con la industria, al decir que “estas son condiciones naturales, vinculadas al cambio climático, y la industria del salmón no tiene nada que ver”. Luego viene la Asociación de Ciencias del Mar, en donde hay muchos científicos de gran nivel. Ellos sacan una declaración, que era como redactada por la industria. También está el IFOP, el Instituto de Fomento Pesquero, que también se cuadró con la idea de exculpar de responsabilidad a la industria salmonera. El Estado, más tarde, nombra una comisión de científicos “independientes”. ¿Cómo van a haber científicos independientes, si todos dependen del financiamiento ya sea del Estado o de la industria salmonera-pesquera? Esta comisión investigadora, obviamente ratificó todo lo que habían dicho sus colegas. De esta manera, podríamos decir que otro de los muertos tras las crisis cíclicas de la industria salmoneraes la credibilidad de la comunidad científica, que está alineado con la gran industria salmonera. Y aquí, las voces disonantes son mínimas y están silenciadas.

Institucionalidad ambiental

Hablemos sobre la institucionalidad ambiental que permite la insustentabilidad de la industria del salmón, rubro que dista bastante en materias de regulación, con las normas de Noruega, el primer productor mundial. Aunque, por otro lado, los empresarios que desarrollan la salmonicultura en Chile se adaptan a nuestras permisivas reglas del juego.
  • Es interesante el caso de los noruegos, pues vienen de una sociedad igualitaria, con valores de protección ambiental, y una de las pocas sociedades de “feminismo real” (risas). Yo trabajé ahí y a algunas personas les decía esto: ustedes tienen los dos espíritus fundamentales de Noruega. Por un lado, tiene un progresismo civilizado, amable, con valores ambientales, pues hay un fuerte control social sobre ustedes. Y luego, llegan a Chile, miran a los lados y se dan cuenta de que no hay control de ninguna cuestión, que llegan con mucho dinero, en una situación de ocupación empresarialAl cabo de un tiempo, cambian su comportamiento, y se transforman en unos energúmenos, en donde sólo les importa la rentabilidad económica y el producir cada vez más salmones, a costa del medio ambiente y las comunidades. Y, ¿por qué pasa eso en Chile? Por la institucionalidad ambiental, la que está hecha a la medida de algo muy claro: permitir la inversión en megaproyectos productivos. Y todo esto en función de recursos naturales, pues el 80% de la economía de este país depende de recursos con bajo valor agregado. ¿Cuánto es la “nueva economía del conocimiento”? Con suerte 5%.

Seguimos siendo un enclave colonial exportador de materias primas.

  • Así es. Es urgente cambiar los marcos políticos y jurídicos que nos rigen. El sistema chileno está hecho para aprobar las inversiones, mayoritariamente. Si deseas ver esto gráficamente, anda a Magallanes. El Sistema de Evaluación Ambiental (SEA) es una especie de tubo engrasado en que tu metes un proyecto, y sale aprobado rápidamente. Y todo esto realizado con independencia de las oposiciones de las comunidades locales. Hoy por hoy, el presidente Sebastián Piñera quiere eliminar el Concejo de Ministros por la Sustentabilidad¿Qué hace ese Concejo? Es una burla kafkiana, pues está conformado por los principales ministerios extractivistas: economía, hacienda, obras públicas, minería y agricultura. Este es el único concejo que está por sobre ministerios. ¿Qué sucede con este Concejo? Cualquier decisión importante tenía que estar aprobada por este organismo, pero ya estaba previamente la orden de aprobar proyectos, casi de manera estalinista. Faltaba que el presidente de los servicios de evaluación ambiental dijera: “levanten la mano los que se oponen”. Esto no es para nada democrático, y las comunidades y la sociedad civil no tienen ninguna oportunidad de entrar en este sistema de toma de decisiones. Ahora están intentando eliminar este Concejo de Ministros por la Sustentabilidad, para delegar las decisiones a las regiones. ¿Cuál es el problema de esto? Que, en las regiones, es mucho más cercano el vínculo entre las autoridades regionales y los funcionarios con las empresas extractivas. Además, hay que considerar un nuevo elemento. El Estado le va a pedir a los inversionistas o empresarios que, antes de presentarle los proyectos a las autoridades regionales, estos ya hayan sido negociados (léase “coimeados”) con las comunidades locales donde ellos van a instalar el proyecto. Es decir, que ya hayan conversado, acordado compensaciones, lo que significa dividir a las comunidades. El Estado, en el fondo, les pide a las empresas que sus proyectos ya hayan sido negociados con los posibles opositores, para que el mismo Estado y los sistemas de evaluación no se tengan que hacer cargo del proceso y de los conflictos.
Fuente nota original: Revista Entorno

martes, 30 de octubre de 2018

La salmonicultura chilena es hija de la dictadura y de su proyecto

En esta entrevista, hablamos con Juan Carlos Cárdenas, médico veterinario de la Universidad de Chile y director del Centro Ecocéanos, quien desde una perspectiva técnica y con un marcado activismo, aborda los impactos de la industria del salmón en Chile y delinea ciertos caminos y propuestas para el accionar de las comunidades costeras. Ignacio Fouilloux, Fundación Decide 

"La industria del salmón llegó a Chile con 3 promesas: ser una alternativa a la sobreexplotación pesquera, ser una fuente de alimentación de alta calidad biológica, además de barata. Y, en tercer lugar, ser una industria respetuosa de los derechos de los trabajadores. 40 años lleva la salmonicultura desarrollándose, y ninguna de las 3 promesas se ha cumplido."

Por Juan Carlos Cárdenas 
¿Cómo fuiste desarrollando tu activismo contra la industria del salmón? 
  • Soy descendiente de chilote, y por ello he mantenido un vínculo con las tierras australes. Más tarde, comencé a estudiar veterinaria en la Universidad de Chile, con miras a aplicar mis conocimientos en comunidades. Estando en la universidad, participé en la formación de la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), que funcionó como un espacio de reunión, de reflexión política, de actividades de extensión cultural, y que, a fin de cuentas, en periodo autoritario, intentó mantener vivo el espacio universitario y la organización estudiantil. Más tarde, formamos en Antumapu los talleres de ecología, lo que coincidió con la llegada de un agrónomo francés Michel Etienne. Él generó un cambio absoluto, pues llegó con nuevas ideas desde Francia, como las formas alternativas de producción, el ecologismo, etc. Posteriormente, y en una modalidad más militante, ingresé al Comité de Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF), que era una pequeña organización de resistencia a las políticas de la dictadura y sus impactos negativos en el medio ambiente. A partir de esta organización, me empecé a involucrar con los mamíferos marinos, pues realicé mi tesis en ello y era un área inexplorada desde el punto de vista de la conservación. Consideraba que los mamíferos marinos eran el emblema de todas las consecuencias de la expansión extractivista en dictadura, como la pesca industrial, por ejemplo. Posterior a ello, empecé a trabajar con pescadores de la Región de Coquimbo, conocí la Antártica, Juan Fernández, pero siempre vinculado al mundo pesquero artesanal. Me adentré de lleno en la organización de los trabajadores, y en la conservación con las comunidades locales. Más tarde, ingresé a la organización internacional Greenpeace, a una campaña sobre la protección de los océanos. Sentía por aquella época que era una oportunidad para cambiar la visión norteamericana de Greenpeace, y dotarla de contenidos y visiones latinoamericanas. Empezamos a tematizar la democracia, la participación ciudadana, el control social de los recursos naturales. Hubo un cambio de liderazgo en Greenpeace en algún momento, a partir del cual muchos migramos y creamos el centro Ecoceanos, espacio donde pudimos aplicar toda la experiencia adquirida en Greenpeace: el trabajo comunitario, el trabajo de campaña, el trabajo de lobby frente a los gobiernos, etc. Como Ecocéanos nos empezarnos a vincular con los pescadores artesanales, y con la CONAPACH, principalmente. Empezamos a realizar un trabajo híbrido.
¿Híbrido por el hecho de vincular su experiencia adquirida en el trabajo sindical y organizaciones pesqueras artesanales con el “campañismo” de Greenpeace?
  • Exactamente. Desde Ecocéanos, desarrollamos muchos trabajos en América Latina, en cuanto a los impactos de las pesquerías. Tomamos la información nacional e internacional, y hacemos la traducción a las comunidades, para que estas puedan dar un contexto global a las disputas locales. Y avanzar en la gestión colectiva de sus entornos. Las disputas no deben ser, a mi parecer, sólo locales. Deben ser internacionales, pues el poder opera globalizadamente. Las peleas nacionales se tienden a perder, pues el entramado global las estrangula.

Condiciones de instalación de la industria en Chile

Adentrémonos en la industria del salmón, que hace más de 10 años ha sido foco de su activismo ambiental. A modo de contexto, ¿podría hacer referencia a las condiciones políticas, jurídicas y económicas de la instalación y desarrollo de la industria del salmón en Chile?
  • Lo primero es decir que la salmonicultura chilena es hija de la dictadura y de su proyecto: aumentar la inversión extranjera y abrir el país en el uso y explotación de sus recursos. La industria salmonera se desarrolló bastante en dictadura a partir de la entrada de compañías noruegas y japonesas, las que empezaron a comprar los pequeños emprendimientos salmoneros chilenos, que, con apoyo del Estado, habían emergido previo a los años ochenta. En plena dictadura militar, el camino estaba marcado: había condiciones biofísicas en las aguas australes para el cultivo de salmones, había apoyos financieros, había un acceso a miles de toneladas de harina de pescado para alimentar salmones, había acceso gratuito al agua dulce y el borde costero, había condiciones tributarias favorables, había mano de obra masiva, barata y no sindicalizada disponible, había subsidio a la mano de obra, pues las empresas se ubicaban en zonas extremas, y el país estaba abierto a los mercados internacionales. Estaban todas las condiciones para el despegue de la salmonicultura. Muchos de los empresarios pesqueros de la Región del Biobío se dieron cuenta de que en esta industria había una oportunidad de negocio, pues podían transformar sus pescados en “peces de lujo” exportables. Por ello, muchos de ellos invirtieron en este rubro. Ya entrando en los años noventa, la industria creció exponencialmente, llegando hasta el año 1994, donde Chile ya era el segundo productor mundial de salmón de cultivo, luego de Noruega. Desde la década de 90´, la industria productora de salmónidos de cultivo se convirtió en uno de los principales sectores de la economía exportadora de Chile, después de la minería, la actividad forestal, la pesca y la agricultura intensiva. De esta manera, a la industria del salmón no se la puede comprender sin el Estado, pues no es una industria pujante por la acción única de las iniciativas privadas.
La salmonicultura se ha desarrollado con el camino que le ha pavimentado el Estado, el que, por lo demás, ha activado salvatajes en las múltiples situaciones de crisis que ha padecido la industria.
  • Exactamente. El Estado ha apoyado con ordenamientos jurídicos, con infraestructura, con subsidios, luz verde en el acceso a recursos naturales. La mayor crisis que ha habido es la del virus ISA, entre el 2007 y el 2009, generando un gran shock laboral en Chiloé por los despidos masivos, y devastándose, además, a la industria por la pérdida de 350.000 toneladas de salmón atlántico. Hubo una pérdida de 26.000 empleos regionales tras la crisis del ISA. La industria estaba, en aquella época, alcanzando un peack de 800.000 toneladas, siendo el objetivo llegar a 1.000.000 de toneladas anuales, objetivo que, sin dudas, hubiera sido alcanzado si no fuera por la propagación del virus ISA. Todo esto implicó para el rubro un costo de 5 billones de dólares, que, en parte, lo asumió el Estado: tuvo un salvataje estatal de 450.000 millones de dólares, que el Estado se los puso en el bolsillo a las grandes empresas, para que no quebraran. Dinero con aval del Estado, que hasta el día de hoy no ha sido devuelto.
  • La segunda crisis fue financiera, en el 2014 y 2015, fue consecuencia de una sobreproducción de salmones, que hizo caer los precios internacionales. Cuando hay escasez, suben los precios internacionales, y ahí la industria empieza a producir de forma desregulada, multiplicando sus ganancias. Luego, se va saturando ese mercado, y comienza un nuevo ciclo. Esta es una industria cíclica y variable, según el compás de las tendencias de los mercados internacionales.
  • La tercera crisis es la que acaba de ocurrir, en el 2016, con el Bloom de algas tóxicas, que generó una mortandad de 27 millones de salmones. Como sabemos, esa mortandad, con autorización estatal, se vertió en las aguas de Chiloé. Ante esto, se organizó la llamada “Comuna de Chiloé”: Por 18 días, la comunidad de Chiloé se tomó su isla, cortó los accesos, empezaron a deliberar en las asambleas sociales sus temas y no los que le imponía el Estado, la industria ni los partidos políticos. Silenciosamente, hace tres años atrás, la industria llegó a 940.000 toneladas, aprovechándose de que el precio internacional del salmón, luego de la crisis socioambiental de Chiloé del 2016, estaba altísimo, dado que cayó en un 20% la producción de salmón chileno.
Por lo tanto, hasta las situaciones de crisis ambientales y económicas la industria salmonera las suele gestionar a su favor, haciendo crecer sus utilidades.
  • Luego de la crisis del año 2016 en Chiloé, nunca la industria había tenido precios internacionales para el salmón tan altos, superando los 7 dólares por libra de salmón. Por lo tanto, cada crisis opera en favor de la industria. La industria se reorganiza, se concentra más, y también elimina mano de obra que ya no le es funcional. Ahora requiere trabajadores más capacitados, pero tampoco está dispuesta a pagar mayores salarios. Los empresarios están pidiéndole al Estado que les coloque la diferencia, y con eso los trabajadores ganan lo que ganan. Las empresas pagan el sueldo mínimo.
Entonces, el proyecto “desarrollista” de la industria del salmón no sólo es imposible sin el apoyo estatal, sino que, además, no logra cumplir con las “promesas” de empleo digno.
  • En los ochenta, la industria del salmón llegó a Chile con 3 promesas: en primer lugar, iba a ser una alternativa a la sobreexplotación pesquera, pues ahora los peces se cultivarían, no se extraerían. En segundo lugar, iba a ser una fuente de alimentación de alta calidad biológica, y, además, barata. Por lo que contribuiría a la lucha contra la desnutrición y malnutrición. Y, en tercer lugar, iba a ser una industria respetuosa de los derechos de los trabajadores, con trabajo decente, por ser una industria con capitales noruegos. Se sostenía como una industria amigable y sustentable. 40 años lleva la salmonicultura desarrollándose, y ninguna de las 3 promesas se ha cumplido. Con respecto a lo primero, es un elemento más de presión a las poblaciones pesqueras, pues se extraen peces para generar la harina de pescado con lo cual se alimenta a los salmones. Y es una industria que, además, se espera duplicar para el 2030 en Chile. Con respecto a lo segundo, en cuanto a la alimentación, el 98 % de la producción de salmón y trucha en Chile se exporta. Aquí queda solo el 2%, pues Chile es un mero enclave productivo que está armado en función de los requerimientos de la demanda internacional. Por lo tanto, no se garantiza la alimentación nacional. Y con respecto al último punto, en cuanto a trabajo decente, puedes ver que, en territorios salmoneros, la mayoría está en la línea de la pobreza, los salarios se inflan a costa de bonos de producción, que implica la explotación de los trabajadores. La mayor parte de los trabajadores está ganando, en promedio, 400.000 mil pesos al mes, en zonas que son caras. Además, con las crisis sucesivas, se generan despidos de trabajadores, por lo que tenemos un ejército de cesantes en la Décima Región, que es la mano de obra disponible y que mantiene los salarios bajos. Y finalmente, abundan los llamados contratos por “obras y faenas”, o sea, eres contratado por 3 o 4 meses, en temporada de cosecha de salmón, y luego eres despedido, obligado a migrar a otros rubros y luego volver.
Estas tres promesas, incumplidas a su parecer, son posicionadas con relatos épicos de parte de la salmonicultura. La investigadora chilena Beatriz Bustos habla en un artículo acerca de un discurso realizado en el año 2008 por César Barros, quién fue presidente de Salmón Chile, el gremio empresarial de la industria. Barros señaló en dicha instancia que la historia de los “salmoneros” en el sur de Chile es homologable con la historia de Pedro de Valdivia, por embarcarse en los ochenta a un negocio incierto y desconocido. Finaliza diciendo “Somos del sur, sabemos de tempestades y mares difíciles, ¡Somos salmoneros!”.
  • Totalmente de acuerdo. La industria cree tener misión evangelizadora. Vez que hablas con empresarios salmoneros el discurso es el mismo: “traemos desarrollo y modernidad a comunidades que estaban fuera de estos procesos”. Son una suerte de “evangelizadores de la modernización”. Un dirigente salmonero, en un discurso tras el virus ISA, dijo: “La industria no es culpable de nada aquí. Todo lo contrario, trajimos el desarrollo a ustedes que vivían en la Edad de Piedra”. Queriendo decir, en el fondo, que vinieron a sacar a los chilotes de las cavernas.

Impactos de la industria del salmón

Hablemos sobre los impactos ambientales, económicos y sociales del despliegue de la industria del salmón en territorios como Chiloé, Aysén y Magallanes. En el fondo, ¿qué se encuentra bajo el “milagro económico del salmón”, que con tanta rimbombancia ha sido alabado por la élite política y económica?
  • Los impactos son innumerables y de gran magnitud. Sólo en términos ambientales, puedo reseñar varios. Hay una pérdida de la calidad de las aguas debido a la contaminación química y orgánica donde se instala la industria. Contaminación en el borde costero, en ríos y lagos. Hay contaminación orgánica por al fecas de los salmones concentrados en altas densidades en los centros de cultivo, y, además, contaminación por los alimentos no consumidos, lo cual se decanta en los fondos marinos. En segundo lugar, se introducen enfermedades exóticas, virales, bacteriales y parasitarias. En 25 años, la industria ha introducido más de 20 enfermedades en las aguas del país, principalmente a partir de la importación de ovas contaminadas de países como Islandia y Noruega. Por falta de sistemas de control eficientes, tenemos estas 20 enfermedades que ya no se van y se incorporaron al patrimonio acuático nacional. Por otra parte, se encuentra el empleo indiscriminado de antibióticos, antiparasitarios, antifúngicos, pinturas antifouling y desinfectantes. Todo este cóctel va a parar al medio marino, teniendo un impacto destructor sobre las especies filtradoras, de las cuales depende la pesca artesanal y las comunidades para su actividad económica y su alimentación. La industria del salmón genera, además, periódicos escenarios de florecimientos algares tóxicos, pues los salmones generan esta contaminación orgánica por concepto de fecas y alimentos, lo que se descompone y aumenta la cantidad de fósforo y nitrógeno, que son los gatillantes de la floración de algas tóxicas. Si esto se une con el cambio climático, el aumento de la temperatura del agua, el aumento de la radiación, el aumento del oxígeno en el agua, se acentúa el florecimiento algal nocivo (FAN). Otro efecto ambiental es la sobreexplotación de las pesquerías pelágicas para la alimentación de salmón. No olvidar que se requieren entre 3 a 5 toneladas de peces (jurel, anchoveta, sardina), convertidos en harina de pescado, para producir una tonelada de salmón de exportación. Económicamente es una irracionalidad de gastar 3 para producir 1.
Y es irracional desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, además. No tiene sentido emplear especies de pesquerías en riesgo, para producir un “pez de lujo” que no se consume mayoritariamente en Chile, y que no tiene valores nutricionales tan superiores a estas especies nativas.
  • Exactamente. Otro efecto devastador es la alteración de las cadenas tróficas y la destrucción de los ecosistemas locales. Hay escapes masivos de especies carnívoras como el salmón. Ahora último, se escaparon 900.000 ejemplares hacia el seno de Reloncaví. De ello, se ha recuperado sólo el 5,7%. Estos salmones que se escapan consumen las especies locales a destajo, principalmente puye, que es un pez en peligro y endémico del sur de Chile, y que es esencial para la pesca artesanal. Los salmones arrasan con los peces juveniles de róbalo, de merluza, de pejerrey. “Se los hacen chupete”. Además, los salmones escapados, que son especies exóticas y que son una plaga, no se pueden pescar, pues las autoridades no quieren, pues los empresarios salmoneros ganaron en la Corte Suprema una queja que dice que el salmón, aunque escape, es propiedad privada, y por lo tanto los pescadores no pueden acceder a ello. Se está peleando para que se abra una pesquería artesanal de salmón, pero la industria está bloqueando ese proyecto, pues haría caer el precio del salmón en el mercado interno. Finalmente, el último efecto ambiental que quiero comentar es la eliminación de mamíferos silvestres. Esta es una industria campeona en eliminar lobos marinos y aves que van a alimentarse en las balsas de cultivo de salmón. Hay proyectos estatales para permitir la caza de lobos marinos y con ello proteger la industria de estos predadores naturales.
Funcionarios de empresas salmoneras van a las colonias reproductivas a asesinar lobos marinos, tal como lo catastró un estudio realizado por Marcel Claude en el año 2000.
  • Y es una realidad que sigue sucediendo. Van a echar petróleo al agua, para luego prenderlo y quemar lobos. Y lo interesante de ello, es que estamos investigando posibles alianzas de la industria del salmón con la Marina de Chile, pues se ha empleado armamento militar en la caza de lobos marinos. 
¿Podría hacer referencia a los impactos económicos de la industria?
  • En primer lugar, se encuentra la generación de periódicas crisis sociales y laborales, al desbordarse los estándares sanitarios y ambientales. Esto termina con miles de despidos de trabajadores, y con billonarios salvatajes estatales a las empresas. Los subsidios del Estado son permanentes. Estamos investigando el Programa Meso Regional Salmón Sustentable. Entre el 2017 y el 2018, el Estado ha destinado 100 millones de dólares en subsidios a la industria salmonera para sus proyectos. Todo esto se hace a través de CORFO, o de manera opaca. Los que controlan CORFO, desde el gobierno de Bachelet, han sido operadores que han trabajado en la industria salmonera, y que han quedado a cargo del programa de apoyo a la acuicultura. “El gato administrando la pescadería”. En segundo lugar, hay competencia con la pesca artesanal y con los recolectores, al excluirlos del borde costero. En tercer lugar, está la degradación del patrimonio paisajístico. Son impactados todos los operadores de turismo de Aysén, Chiloé y Magallanes. Sobre todo, Magallanes, pues casi la mitad de su actividad depende del turismo.
Por otra parte, hay que considerar las altas tasas de accidentabilidad de la industria del salmón, y las altas tasas de mortalidad de trabajadores por los precarios estándares de seguridad.
  • Nosotros ahora estamos terminando un trabajo, que arrojó que, entre el 2012 y el 2018, ya van 18 muertos oficiales que hemos registrado. También estudiamos el periodo previo a la crisis del virus ISA, que es la mayor etapa de expansión de la industria, habiendo un trabajador muerto al mes. Ahora, como está el proyecto de alcanzar 1 millón 200 toneladas, de duplicar la producción, hay 18 trabajadores muertos oficiales. Son principalmente buzos, por las malas condiciones. Los buzos son los fusibles, los factores más sensibles, pues no están organizados sindicalmente. Chile es el país de todos los productores mundiales de salmones que tiene los más bajos salarios y las más extensas horas de trabajo. Además, la industria viola todos los derechos desde el punto de vista del género, a las “madres salmoneras”. Muchas plantas no tienen salas cunas, por ejemplo.
Sobre todo, una industria tan feminizada como la industria salmonera, en donde cerca de un 60% de los trabajadores de las plantas de procesamiento son mujeres. Ellas son la población más vulnerable a las precarias condiciones laborales de la industria.
  • Además, hay un doble estándar de las compañías transnacionales, de las compañías noruegas. Hay despidos a trabajadoras embarazadas, o de dirigentes sindicales embarazadas, y esta práctica la permite la legislación laboral. Por estos despidos, una vez fuimos a hablar con el embajador de Noruega en Chile, y le preguntamos: “¿ustedes podrían hacer esto en Noruega?”. “Cómo se le ocurre”, me dijo. “Lo hacemos en Chile porque su legislación lo permite”. “Nosotros en Chile somos los mejores chilenos, pues cumplimos al pie de la letra la ley”. “Si quieren que no pase eso, cambien la ley”. Entonces, industrias transnacionales que no pueden hacer eso en sus países, lo vienen a hacer acá. Nosotros, desde Ecoceanos, estamos instalando el concepto de “salmones de sangre”, pues los salmones están asociados a una alta mortalidad de los trabajadores que los producen. Es una metáfora adaptada de los “diamantes de sangre”. Esto lo emplearemos en los mercados internacionales, para que la gente sepa lo que está comiendo o cómo se produce.
Otro tema en torno a la industria y sus impactos negativos, son los perjuicios a la salud humana.
  • Así es. Chile ocupa 700 veces más antibióticos por tonelada que Noruega, siendo que Noruega produce el doble de Chile. Además, nuestro país emplea la mayor cantidad de parasitarios para el combate al calligus, que es el piojo del salmón. Al salmón se le realizan baños en estos químicos, los que luego dan a parar al fondo marino y al cuerpo de los consumidores. También está el uso masivo de pinturas antifouling, que es un biocida para impregnar las redes y evitar la adherencia de especies marinas. Eso es un biocida que está hecho a base de metales pesados, y que se acumula en las aguas. Tienen un impacto en la salud humana, en las comunidades adyacentes a esas áreas. En cuanto a la salud pública está el tema de la resistencia bacteriana en humanos. Chiloé es un laboratorio desde el punto de vista de la resistencia bacteriana, que no ha sido investigado pues al Estado no le interesaba que se supiera esa realidad. Felipe Cabellos Cárdenas, que es un médico que trabaja en el New York Medical College, viene todos los años a Chiloé. Ha aumentado en un 10% de resistencia a escherichia coli, que es el agente de patologías como las infecciones renales y respiratorias en Chiloé, lo que ha sido estudiado en el hospital de Castro. La única fuente de resistencia bacteriana es la industria salmonera.
Fuente nota original: Revista Entorno

miércoles, 24 de octubre de 2018

Industria salmonera ¿Un nuevo agente corruptor de la pesca artesanal?

Por Juan Carlo Cárdenas - Director de Ecoceanos
Los financiamientos ocultos a políticos y dirigentes de la pesca artesanal, constituyen la otra cara detrás de la contaminación y la destrucción sanitaria-ambiental. El abusivo comportamiento de la transnacional Marine Harvest es contraria a la legislación chilena en general, y a la Ley de Pesca. Esto ya ha comenzado a provocar sus primeras consecuencias políticas, económicas, legales y sociales. Así lo demuestra la reciente renuncia de cinco miembros del directorio del Consejo Regional de Pescadores Artesanales de Puerto Montt (Corepa), zona que está convertida en un verdadero “far west austral” del empresariado salmonero.

A la descarga de 100.000 kilos de salmones podridos de buque “Seikongen” en la comuna de Calbuco, y cuyos lodos se verterían en la vecina ciudad de Osorno, se ha sumado la entrega fraudulenta al Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) de un Informe de Término de Contingencia de parte de la salmonera noruega Marine Harvest, indicando la supuesta recuperación de 27% de los 900 mil salmones escapados de su centro de cultivo en la isla Huar, lo cual corresponde a un desesperado intento de desmentir las cifras oficiales entregadas por el Sernapesca, las cuales sitúan en tan sólo un 5,6% la recuperación del total de éstos ejemplares fugados.
Dicho comportamiento y mecanismo de entrega de datos de parte de la transnacional, no sólo resulta improcedente en relación a los mecanismos oficiales establecidos por el Sernapesca, sino que también es una acción corrupta, ya que el procedimiento involucró a pescadores artesanales y a sus dirigentes, para que mintieran en la notaría a cambio de 400 mil pesos. Todo esto con el fin de evitar la aplicación de sanciones que contempla la Ley de Pesca y Acuicultura, en el caso de no recuperar el 10% de los ejemplares escapados.
Además, la empresa Marine Harvest se aseguró que en el acuerdo, los pescadores renunciaran a su derecho de iniciar acciones legales contra la empresa. Este modus operandi empresarial busca generar un conflicto político entre los pescadores y el fiscalizador pesquero, de manera de desviar la atención pública sobre el gran daño sanitario, social y ambiental provocado por su irresponsable accionar.

Financiamientos a políticos y dirigentes pesqueros: La otra contaminación salmonera
Los financiamientos ocultos a políticos y dirigentes de la pesca artesanal, constituyen la otra cara detrás de la contaminación y la destrucción sanitaria-ambiental. El abusivo comportamiento de la transnacional Marine Harvest es contraria a la legislación chilena en general, y a la Ley de Pesca. Esto ya ha comenzado a provocar sus primeras consecuencias políticas, económicas, legales y sociales. Así lo demuestra la reciente renuncia de cinco miembros del directorio del Consejo Regional de Pescadores Artesanales de Puerto Montt (Corepa), zona que está convertida en un verdadero “far west austral” del empresariado salmonero.
En carta pública firmada por el vice-presidente, secretario general y dos directores de la Corepa, acusan al actual presidente Jorge Bustos Nilssen, de haber realizado malos manejos institucionales y negociaciones informales con la industria, tales como el acordar “relocalizaciones” de los centros de cultivo de salmón en zonas costeras de interés pesquero artesanal, y el haber intermediado con Marine Harvest en el caso de los pagos que la multinacional realizó para que declararan de manera falsa su participación en la recaptura de los salmones escapados.
En un comunicado público firmado por Rubén Casanova, como ex vicepresidente y vocero de la Corepa, se señala que la organización “no cuenta con su directiva activa”, al haber renunciado a sus cargos Héctor Morales, secretario general; Sergio Mayorga, primer director; Angélica Teuquil y David Maldonado, directores.
Los ex miembros del directorio de la Corepa, señalan en el comunicado que “No estamos ni participamos en los negocios de relocalización de las salmoneras, ni negocio alguno con los salmones escapados. Y no estamos de acuerdo con la venta del inmueble (Casa Corepa), situada en población Lintz, pasaje Palena 270 b”.
Casanova en la carta de desafiliación enviada el 24 de septiembre al Seremi de Economía de la región de Los Lagos, indica que renuncian a sus cargos “hasta que se elija otra directiva, o entre en receso por falta de quórum”.

Las modalidades de pago de los “favores” a Marine Harvest
El diario El Llanquihue informó el 07.10.2018 que vía intermediarios, la multinacional noruega entregó 32 millones de pesos a Jorge Bustos, quien debería repartirlos entre sus 240 asociados, siempre y cuando los pescadores aseguraran que habían capturado la cantidad de salmones fugados que le señalaba Marine Harvest, renunciando a efectuar cualquier acción legal.
Hasta la fecha, Bustos no ha entregado el documento que acredite el millonario e informal acuerdo. Sin embargo, el diario El Llanquihue publicó en sus páginas uno de los vale vista por $32 millones de pesos. Fuentes de la pesca artesanal señalan que los 240 pescadores asociados a Corepa habrían recibido sólo $100 mil pesos, lo que equivaldrían a un total de sólo $24 millones de pesos. La pregunta que ronda en las caletas es ¿Qué sucedió con los 8 millones de pesos faltantes?
La anterior situación contrasta con lo sucedido con 128 pescadores artesanales del sector de La Puntilla de Calbuco, a los cuales Marine Harvest les pagó directamente $400 mil. La empresa noruega confirmó que “suscribió diversos acuerdos relacionados con el proceso de recaptura con un conjunto de pescadores artesanales directamente y, en algunos casos, con organizaciones representativas de estos”.

Las ventas de cuotas de pesca artesanal a la industria
La venta de las cuotas pesqueras artesanales a las empresas industriales constituye otra expresión de la corrupción imperante entre algunas dirigencias pesqueras artesanales. Este es el caso de Puerto Montt, donde los pescadores artesanales tenían asignada por la Subpesca una cuota total de merluza para la temporada 2018 de 714 toneladas. Esto significaba 4.500 kg. de merluza para cada pescador.
El 9 de abril del 2018, los dirigentes artesanales acordaron vender parte de dicha cuota de merluza a los industriales pesqueros. Dirigentes de La Puntilla de Tenglo, señalan que el acuerdo fue vender 300 toneladas de las 714 asignadas. Sin embargo, la dirección de la Corepa habría vendido 500 toneladas por un valor de $300 pesos el kg. de merluza. Con posterioridad, los pescadores se enteraron que el precio final fue de $ 400 por kg. de pescado. Los documentos de este negociado no han sido entregados a los asociados de Corepa.
Frente a las consultas periodísticas sobre los detalles de la venta de estas cuotas pesqueras, su precio real de venta y quienes fueron los beneficiados, Jorge Bustos respondió “Insisto, hay temas que son de nosotros, no tengo por qué estar informando públicamente. No le voy a preguntar a ningún sector productivo a quién le vendistes. Eso se ventila internamente”.

Fundación Chinquihue: ¿Garante de la “Seikongen Connection” ?
Por su parte, el resistido vertimiento de los residuos tóxicos del well-boat “Seikongen” por las comunidades locales, también se habría transformado en una oportunidad de negocio para algunos dirigentes pesqueros. Según fuentes locales, habrían existido presiones sobre algunas autoridades regionales para que el well-boat con su carga tóxica fuese enviado desde Ancud hasta Puerto Montt, con objeto de negociar tanto su descarga, como la disposición de sus lodos finales.
En la denominada “Seikongen Connection” llamó la atención el largo período que estuvo esperando el Seikongen para descargar, como la activa participación de diversas autoridades regionales como voceros y relacionadores públicos de las empresas involucradas en esta opaca operación entre privados, así como la financiación con dineros del Estado de parte de las operaciones de transporte y vertido de los residuos tóxicos. Esto además incluyó un bonus track ya que por varias semanas la Armada prestó “protección” al buque salmonero, mediante la destinación de la patrullera “SG Chiloé” para su acompañamiento exclusivo en aguas de Puerto Montt.
A lo anterior se suma el extraño papel que está jugando la Fundación Chinquihue como “garante sanitario-ambiental” de los acuerdos logrados entre las empresas transportista y salmoneras con los dirigentes de la pesca artesanal regional.
Esta fundación privada tienen como presidente de su Directorio a Harry Jurgenssen, actual intendente de la región de Los Lagos, a Francisco Muñoz , Secretario Regional Ministerial de Economía y a Eduardo Aguilera, Director Regional Sernapesca de la región de Los Lagos. Además figuran como miembros de su directorio los dirigentes de las tres confederaciones de pescadores artesanales (Conapach, Confepach y Condepp).
¿Quiénes le asignaron el sui generis papel de “garante ambiental y sanitario” a esta fundación privada, por lo cual debe entregar a las autoridades regionales un informe institucional sobre esta opaca operación de vertimiento, con lo cual estaría suplantando el papel que legalmente tienen asignados los ministerios y seremis de salud y de medio ambiente?
Fuentes regionales indican que históricamente la Fundación Chinquihue ha jugado un papel como instancia generadora de acuerdos que se realizan entre actores políticos, gubernamentales y de las dirigencias pesqueras. Importante es señalar que la Fundación Chinquihue fue creada para apoyar el desarrollo de la pesca artesanal en el sur de Chile con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional del gobierno de Japón (JICA). Actualmente existe una alianza técnica entre la JICA y la Fundación Chinquihue para asesorar en acuicultura de moluscos en la República de El Salvador, Centro América.